Escribo esto en la penumbra. No veo lo que escribo, solo una sombra negra que se desplaza a través de las líneas del papel. Ya está oscureciendo, pero todavía entra algo de claridad por las ranuras de una ventana entreabierta. En la última fase de un ataque de migraña decido escribir sobre mis “hallazgos”.
Como comenzó. El ataque empezó hoy a las 6:00 a. m., cuando me levanté a cancelar una clase que tenía a las 7. La noche anterior había salido de la última sesión de una clase y me tomé una cerveza y media con una compañera para celebrar el pequeño triunfo (y un shot de Skrewball, incitado por ella… la people pleaser en mí no recordó que debía decir que no).
Había dormido 4 horas y, al levantarme, noté esa punzadita en donde comienza la ceja izquierda. Abrí la gaveta del mueble de la cocina. «Fuck… Se me acabaron las Excedrin».🙄 Me tomé un vaso de agua y unas Panadol con la esperanza de un milagro, pero sabiendo que sería en vano. Ya el proceso había empezado. Un ataque de migraña. Y solo la Excedrin me aliviaba.
Wishful thinking. Es jueves. Los jueves a las 9:15 a. m. doy una clase de yoga. «Quizás puedo darla», pensé. «Cristina, esto va a ponerse peor. No hay break. Pide sustitución». Y pedí sustitución…. Tenía unos trabajos que completar para la universidad, así que aproveché que todavía la sensación era ligera para terminarlos. Entregué y (como a veces hago) traté de actuar como si nada. Seguí pretendiendo que la Panadol haría efecto.
A la 1:00 tenía una cita médica… quería ir. Tenía toda la intención. Pero el dolor empeoraba, las náuseas se asomaban y no sabía muy bien ni qué día era hoy. Tuve que cancelar y tirarme en la cama. De seguro dormir me aliviaría (sí…ajá).
Esto arrancó en serio. Desperté como a las 4:00. Es difícil de explicar. Las náuseas: te agarra por la garganta. El dolor y la confusión: te agarra por la sien. Por la mente. Por la moral.
No podía salir. Pero tenía que comer. Y necesitaba medicina. Uber Eats (me cago en to). Tuve que hacerlo. La migraña más cara de mi vida.
La Excedrin llegó primero. Me la trajo Franco. Me preguntó con cara de pena si tenía dolor de cabeza. «Algo así», pensé. “Qué te mejores, bella”. Gracias, dije entrecerrando los ojos para evitar la claridad. Me tomé las pastillas con el estómago vacío. Esperé unos minutos. Si me acuesto rápido se me irrita el esófago, así que fui a la cama, acomodé tres almohadas, me amarré una camisa como un vendaje y me hice una bolita en la vertical.
Y cerré los ojos. Cuando uno tiene migraña, la luz es intolerable. La del teléfono, la del sol, la de la lamparita más tenue. Solución: la oscuridad total y absoluta. Pero en la oscuridad el tiempo pasa lento y se piensa mucho.
Tuve un rato para verme de frente con la confusión interna que provoca un ataque de migraña en su pleno apogeo y aquí está lo que encontré:
*Punto de información: En la tradición del yoga, los koshas son las capas del ser. Hay cinco: el cuerpo (annamaya), la energía (pranamaya), las emociones (manomaya), el pensamiento (vijnanamaya) y la conexión con el todo (anandamaya).*
Siento (AKA annamaya kosha). Las náuseas casi me llevan al baño. Pero pausé. «La Excedrin tiene que hacer efecto. Dale break». Y ahí quien hablaba era vijnanamaya: la consciencia, el observador, la capacidad de pensamiento reflexivo y racional.
Respiro (AKA pranamaya). Me limito a observar el ritmo de mi respiración lenta y entrecortada. En mi experiencia, no vale la pena tratar de cambiar nada. Agradezco que respiro. Que respiro llanito. El esfuerzo duele. No hay que forzar nada.
Estoy presente (AKA vinjnanamaya kosha, AKA my new BFF, AKA el que hace que todo este blog post sea posible). Pararte, sentarte, toser, incluso un pensamiento que te ataque de repente, todo lo repentino empeora el dolor. Me quedo quieta. Inmóvil. Esperando a que las pastillas hagan efecto. Mientras tanto, visualizo cómo «se derrite» y se esparce el dolor por la cuenca del ojo. Observar cómo respiro y visualizar me hacen sentir mejor. Gracias de nuevo al cuarto kosha.
Me meto a bañar. Y mientras el agua corre me pongo a pensar. En el turno de mañana, en que tengo que pagar la luz… Los pensamientos vienen muy rápido. Y con ellos la preocupación y un poco de ansiedad (AKA manomaya, porque no lo vamos a dejar fuera). Y me empieza a latir la sien. Una oleada de migraña me ataca sin avisar. Pero paro. «Enfócate en cómo se derrite, como se desvanece la daga que te atraviesa el ojo izquierdo». Gracias, mi querido vijnini (le digo así de cariño).
Y el dolor merma un poco.
Como terminó. No sé si te ha pasado, pero en la bañera surgen mis mejores ideas. En la bañera integro, reflexiono, agradezco. (Aclaro que soy canceriana con ascendente en escorpio, el agua es mi medicina.) Decido escribir este blog, todo para decir esto.
El dolor es real. Y parecería una contradicción, enfocarme en lo que siento, visualizar como se desvanece. Pero pensar duele más. Y me digo: “Wow. Estoy pudiendo manejar esto sin desesperarme. En serio la meditación y el yoga son un regalo increíble».
Mientras espero pacientemente el alivio. Por hoy.
20 de febrero de 2025, San Juan, Puerto Rico